Hipersensibilidad a químicos alimentarios bioactivos

Hay varios químicos que se encuentran presentes de manera natural en los alimentos y que al interactuar con las células de nuestro cuerpo tienen la capacidad de provocar cambios en nuestro organismo. Pueden contribuir tanto a síntomas gastrointestinales similares a los que se asocian al síndrome del intestino irritable, como a síntomas extraintestinales que incluyen la urticaria (picor), dolor de cabeza, eczema, congestión o goteo nasal.


Algunos químicos alimentarios bioactivos provocan cambios fisiológicos beneficiosos, como los ácidos grasos omega 3, antocianinas, flavonoides, terpenoides, glucosinolatos, limonoides, fitoestrógenos, fitoesteroles… Desempeñan efectos farmacológicos específicos en la salud humana, y pueden actuar como antiinflamatorios, antialérgicos, antioxidantes, antimicrobianos, antiespasmódicos, protectores del hígado, disminución de las grasas en la sangre, neuroprotectores, hipotensores, antienvejecimiento, antidiabéticos, protección contra el daño del ADN, cáncer y enfermedades del corazón, diuréticos, analgésicos, protegen de la carcinogénesis inducida por el sol, etc. [1]


Pero hay químicos que pueden resultar muy perjudiciales, como por ejemplo algunos compuestos fúngicos (micotoxinas) que pueden estar presentes en el maíz o en frutos secos y pueden dañar nuestro ADN y producir cáncer. [2]


Algunas sustancias bioactivas beneficiosas contrarrestan el efecto perjudicial de otros químicos de los alimentos. Por ejemplo, la ingesta de los flavonoides naringenina o quercetina, inhibe la artritis que provoca la exposición continuada al dióxido de titanio (es el colorante blanco que está en la mayoría de fármacos o suplementos que tienen este color) gracias a que disminuyen la producción de citoquinas inflamatorias y el estrés oxidativo. [3]


Hay otro tipo de químicos alimentarios bioactivos que en concentraciones normales en las que se encuentran en los alimentos o en las que se añaden como aditivos, no suelen provocar un efecto perjudicial. Pero sí que hay muchas personas que pueden tener menos tolerancia y ser más susceptibles al efecto fisiológico que producen y les pueden causar reacciones por hipersensibilidad. Uno de los mecanismos que podría explicar las reacciones pseudoalérgicas que producen algunos químicos alimentarios en ciertas personas son enzimopatías (falta de intervención de enzimas) o podría deberse a infecciones crónicas.


Principales químicos alimentarios que se asocian a reacciones adversas no alérgicas

Para no alargar demasiado este artículo, tan sólo voy a explicar muy brevemente los químicos más comunes que causan reacciones. En futuros artículos profundizaré en algunos de estos químicos.


Naturalmente presentes en los alimentos:

Cafeína. Se encuentra en bebidas estimulantes como café, té, cacao, yerba mate, guaraná.

Capsaicina. Es la sustancia que hace que piquen los pimientos.

Glutamatos. No sólo es uno de los aditivos más frecuentes sino que también se encuentra de manera natural en muchos alimentos. Provoca una reacción conocida como “el síndrome del restaurante chino”.

Un pequeño estudio con pacientes diagnosticados tanto de fibromialgia como de Síndrome del Intestino Irritable, mostró que una exclusión dietética de glutamato durante 4 semanas redujo más de un 30% de los síntomas en un 84% de los pacientes, y los síntomas volvieron después de reintroducir los glutamatos durante 3 días. [4]

Salicilatos. Son sustancias que se encuentran de manera natural en algunos alimentos de origen vegetal y también son un ingrediente de la aspirina y otros medicamentos para aliviar el dolor. También se encuentran en muchos cosméticos y en productos de limpieza. Algunos de los síntomas que pueden manifestar algunas personas que tienen hipersensibilidad a los salicilatos son urticaria, edema de Quincke, inflamación intestinal crónica, asma y pólipos nasales (se puede tener esta intolerancia sin tener estas manifestaciones) [5]

Aminas biógenas. La más conocida es la histamina, pero hay otras que en algunas personas son las que causan las reacciones, como por ejemplo la tiramina, puede producir picos de tensión arterial y dolor en personas susceptibles [6] (ésta también es la razón por las que se están medicando con IMAO no pueden tomar queso).


Conservantes artificiales:

Sulfitos (E 220-228) Algunos grupos parecen tener mayor riesgo de hipersensibilidad a los sulfitos, por ejemplo, asmáticos dependientes de esteroides, o personas con marcada hiperreactividad de las vías respiratorias o que tienen asma crónico. Entre un 3 y un 10% de personas asmáticas experimentan síntomas cuando toman sulfitos. [6]

Ácido benzoico o benzoato (E-211). Es producido por muchas plantas y también se ha detectado en animales, por lo que está presente en muchos alimentos, incluidos los frutos del bosque y los productos lácteos, generalmente en concentraciones relativamente bajas. El benzoato también puede ser un producto de la digestión. Por ejemplo, el ácido cinámico de la canela se oxida a una sal de benzoato en el hígado. Se ha asociado este conservante a urticaria crónica, asma, rinitis, anafilaxia y dermatitis atópica. Aunque no hay evidencia científica de calidad que haya demostrado estas asociaciones y hay estudios con resultados contradictorios.

Nitratos (E 249-252). Son unos de los químicos desencadenantes de dolor de cabeza más comunes. Hay personas que tienen en la cavidad oral más bacterias productoras de óxido nítrico y cuando toman este aditivo se les puede desencadenar una migraña. [7]

Glutamato monosódico (E-621).


Colorantes:

Tartracina (E-102). En adultos, el porcentaje de urticaria crónica y/o angioedema inducido por la tartracina, es de aproximadamente un 1% [8]. En niños puede causar más reacciones y con mayor frecuencia, como irritabilidad de problemas para dormir [9]

Carmín. Se cree que está involucrado en reacciones de urticaria, angioedema, dermatitis, asma y hasta anafilaxia en adultos. En dos estudios se ha observado como puede causar brotes intermitentes de eccema atópico. [10]


Emulsificantes:

Pueden tener un impacto sobre la ansiedad [11], además de tener otros efectos perjudiciales como promover la carcinogénesis a través de la alteración de la microbiota [12]

Polisorbato 80 (e-433)

Carboximetilcelulosa (e-466)

Hay otros químicos bioactivos que pueden estar presentes en los alimentos por haber migrado desde los utensilios de cocina o desde el envase. Por ejemplo, el bisfenol A, aparte de ser un conocido disruptor endocrino (efecto hormonal), puede aumentar la permeabilidad intestinal e inducir la hipersensibilidad visceral en respuesta a la distensión colorrectal (aumenta el dolor abdominal). [13]


¿Cómo puedes saber si eres sensible a algún químico alimentario?

Dado que el sistema inmunitario no está involucrado, no existen pruebas de diagnóstico fiables y la única forma de saber con certeza si un alimento está desencadenando sus síntomas es a través de un estricto proceso de eliminación y posterior provocación. Este puede ser un proceso difícil y hay muchos factores que pueden inducir a error a los resultados, por lo que es mejor hacerlo bajo la orientación de un dietista-nutricionista con experiencia en intolerancias alimentarias.

Hay muchos tests que afirman diagnosticar intolerancias alimentarias, pero la gran mayoría no son fiables porque no se ha demostrado su utilidad diagnóstica y puede hacer que os restrinjáis muchos alimentos de manera innecesaria, además de ser muy caros. No os recomiendo que os hagáis tests basados en las IgG ni tampoco los que dicen estar basados en la histamina que liberan los alimentos (en otra entrada ya os hablaré de las pruebas que vuestro alergólogo o alergóloga os puede solicitar para valorar si tenéis histaminosis endógena por mastocitosis).


Bibliografía consultada:

[1] Gupta et al. Relationships between Bioactive Food Components and their Health Benefits. 2013.

[2] Smith MC et al. Natural Co-Occurrence of Mycotoxins in Foods and Feeds and Their in vitro Combined Toxicological Effects. 2016.

[3] Bettin et al. Food-grade TiO2 impairs intestinal and systemic immune homeostasis, initiates preneoplastic lesions and promotes aberrant crypt development in the rat colon. 2017

[4] Holton et al. The effect of dietary glutamate on fibromyalgia and irritable bowel symptoms. 2012.

[5] Malakar S. Bioactive food chemicals and gastrointestinal symptoms: A focus of salicylates. J. Gastroenterol. Hepatol. 2017.

[6] Vally et al. Adverse reactions to the sulphite additives. 2012.

Rafehi et al. Highly Variable Pharmacokinetics of Tyramine in Humans and Polymorphisms in OCT1, CYP2D6, and MAO-A. 2019.

[7] González et al. Migraines Are Correlated with Higher Levels of Nitrate-, Nitrite-, and Nitric Oxide-Reducing Oral Microbes in the American Gut Project Cohort. 2017.

[8] Nettis et al. Suspected tartrazine-induced acute urticaria/angioedema is only rarely reproducible by oral rechallenge. 2003

[9] Rowe et al. Synthetic food coloring and behavior: a dose response effect in a double-blind, placebo-controlled, repeated-measures study. 1994.

[10] Andreozzi L, Giannetti A, Cipriani F, Caffarelli C, Mastrorilli C, Ricci G. Hypersensitivity reactions to food and drug additives: problem or myth?. 2019.

[11] Holder, M.K.; Peters, N.V.; Whylings, J.; Fields, C.T.; Gewirtz, A.T.; Chassaing, B.; de Vries, G.J. Dietary emulsifiers consumption alters anxiety-like and social-related behaviors in mice in a sex-dependent manner. 2019.

[12] Viennois et al. Dietary emulsifier-induced low-grade inflammation promotes colon carcinogenesis. 2017.

[13] Braniste et al. Impact of oral bisphenol A at reference doses on intestinal barrier function and sex differences after perinatal exposure in rats. 2010.

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